domingo, 5 de julio de 2015


. R E W I N D  .

Voy y vengo en el tiempo. Anoche volví a mi infancia, una infancia que fue muy natural.
Desde pequeña me enseñaron a observar. Una de las cosas con las que practiqué  fue el mar.
Aprendimos a que hora subía y que a hora bajaba la marea, y la influencia de la luna sobre ella.
Cuando bajaba el sol nos sentábamos en la orilla, cerrábamos los ojos y a través de los caracoles escuchábamos al agua cantar.
Otra de las cosas que me enseñaron fue a plantar y sembrar (los cactus son mis favoritos).
Un día me regalaron una esfera de algo envuelta en un media can-can.
Tenía una carita, con ojos, nariz y una boca que sonreía. No entendía mucho que era. Me dijeron
que la riegue y espere. Al poco tiempo empezó a crecerle pelo, pelo de pasto! Allí me explicaron el
tema de la germinación, y creo que a partir de ese momento, me sentí unida al tema vegetal.
Esa noche rememoré muchas cosas..
A los seis años papá me enseñó a colorear. Iba a primer grado.
Me habían dado de tarea una fotocopia con la imagen de Blancanives y la tabla del dos para pintar.
Estaba entretenida con mis lápices, cuando él se acercó y me dijo: "Te voy a enseñar otra forma de pintar. Tomá un color, remarcá el borde más oscuro y lo de adentro más clarito, de a poco, y sin rayar".
Esa tarde aprendí a colorear y jamás paré.
Me reí mucho al recordar cuando quise volar.
Recorté unas alas de papel del tamaño de mi brazos, quizás un poquito mas grandes. Subí al techo
y con mucha ilusión, salté.
No era muy alto, no me lastimé nada, pero tampoco pude volar. En ese momento creí que cuando
 fuese mas grande lo iba a lograr.
Hoy, como cuando era pequeña, si cierro los ojos bien fuerte, creo que aún puedo hacerlo.


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