Mi abuelo era pescador. Me sentaba a esperarlo en el tapial de la vereda. Volvía de la isla, traía el carrito lleno de pescado y el susurro de los pájaros sobre él. Los vecinos se amuchaban en su puerta, ansiosos. Recuerdo su sonrisa amigable, su gorrito de lana, sus remos de colores, sus ojos color río.